sábado, 18 de noviembre de 2017


En los “Testamentos traicionados”, Kundera escribe:
Terminé por tener extraños diálogos: "¿Es usted comunista, señor Kundera?". "No, soy novelista". "¿Es usted disidente?". "No, soy novelista". "¿Es usted de izquierdas o de derechas?". "Ni lo uno ni lo otro. Soy novelista".

viernes, 17 de noviembre de 2017


Esa opinión según la cual el bolígrafo es un objeto cercano, caluroso, agradecido y en cambio el portátil es una máquina triste, impasible y autómata no tiene sustento y solo revela el conservadurismo esencial de quienes lo dicen. Para empezar, nada más cerrar el portátil mis gatos comienzan a pelearse para dormir sobre él aprovechando el calor que desprende su batería, lo que no hacen con el bolígrafo. Para seguir, en el salvapantallas de mi portátil puedo poner a mis masturbamusas favoritas, cosa que tampoco puedo hacer con mi bolígrafo. Y no sigo porque también suelo escribir a bolígrafo y si se entera de que estoy hablando mal de él me va a escribir (peores) engendros.



No se puede escribir todo con el cerebro o todo con el corazón. Porque lo que se escribe con el cerebro sale frío y lo que se escribe con el corazón sale blando. 

–¿Y entonces con qué escribimos?
–Con el estómago y el hígado, naturalmente, con el bazo y los intestinos, con esa zona. Con las putas entrañas.



No sé dónde he leído esta semana que la masturbación previene el cáncer de próstata. Otro problema del que te salvan las pajas (además de salvarte de la calle, del amor y de la vida).



Antipatriotas (2): En Dos Libros, reseña sobre Wells incluida en Otras inquisiciones, escribe Borges:
Wells, increíblemente, no es nazi. Increíblemente, pues casi todos mis contemporáneos lo son, aunque lo nieguen o lo ignoren. Desde 1925, no hay publicista que no opine que el hecho inevitable y trivial de haber nacido en un determinado país y de pertenecer a tal raza (o a tal buena mixtura de razas) no sea un privilegio singular y un talismán suficiente. Vindicadores de la democracia, que se creen muy diversos de Goebbels, instan a sus lectores, en el dialecto mismo del enemigo, a escuchar los latidos de un corazón que recoge los íntimos mandatos de la sangre y de la tierra.



Todo eso de que García Márquez, cuando decidió matar al coronel Aureliano Buendía, sintió tanto su muerte que se acostó en la cama y estuvo llorando durante ocho horas, no hay quien se lo crea. Ocho horas yo no habré llorado ni en toda mi vida. Lo que ocurre es que GGM hacía realismo mágico también en las entrevistas.



Ojo, que a mis gatos les gusta subirse a las baldas desocupadas de mis estanterías, a menudo a bastante altura, donde a veces se echan a dormir. Por eso suelo dejarles algunos huecos para evitar que me anden tirando libros. He aquí Broma, mi gato bibliotecario.



Sobre los extremos a que pueden llegar los poetas en sus peleas entre ellos, pocos ejemplos mejores que el de esta carta enviada a Jorge Guillén el 22 de febrero de 1950, donde, hablando sobre Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas escribe:
No soy persona de odios constantes, Jorge, pero hay dos seres y te dará risa que los acople, a quienes quiero peor cada día: Franco y ese otro. Porque se les ve, más y más cada día, el plumero y la bilis.
¿El mismo odio a Juan Ramón Jiménez que a Franco? Esto me parece muy fuerte. Cuando además era público que JRJ andaba de sanatorio en sanatorio porque padeció problemas mentales toda la vida. Decididamente, a Pedro Salinas se le fue la olla.


jueves, 16 de noviembre de 2017


Aquí, en el país Soledad, capital Unomismo, solo se produce egosexo y egoliteratura. Aquí la única bandera es el papel de váter y el único himno la voz de Freddie Mercury. Aquí no se mantienen relaciones internacionales más que con tres gatos y no se conocen más guerras que las intestinas. 


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No hay más que leer los detalles que da Proust de su infancia supuestamente desgraciada para ponerse de inmediato a favor de su familia; no hay más que leer los debilísimos argumentos que da Kafka en su Carta al padre para ponerse de inmediato a favor de su padre. Ando leyendo la biografía de Proust de William C. Carter y no puedo parar de reír ante las “tragedias” que sufría el genio francés: el pequeño Proust vivía dramáticamente una infancia que no fue dramática. ¡Qué banda de niños mimados es esta de los escritores, que siempre andan sufriendo naufragios sin haberse subido al barco!



El padre de Proust era un médico muy abierto que consideraba que “ningún desorden sexual debe ser maravilloso o vergonzoso”. Sin embargo, tomaba a la homosexualidad como uno de esos desórdenes y trató de curarla “con leyes objetivas”. En una de las anécdotas más desternillantes del libro, vemos al Proust adolescente dirigiéndose a un prostíbulo con los diez francos que le ha dado, precisamente, ¡su padre! El biógrafo William C. Carter lo cuenta así: 
Las inclinaciones sexuales de Proust alarmaron seriamente a sus padres, que tenían la sensación de que era necesario hacer algo. El doctor Proust, que, como Charcot, creía que existía una relación entre la masturbación excesiva y la homosexualidad, dio a su hijo diez francos y le mandó a un burdel. Proust obedeció, pero en el burdel se puso tan nervioso que rompió un orinal, con lo cual perdió la erección y el dinero. Angustiado pero resuelto a concluir con éxito el experimento, Proust mandó a su abuelo Nathé Weil una urgente petición de trece francos: “He aquí el porqué. Necesitaba tan desesperadamente ver a una mujer para poner punto final a mi hábito de masturbarme que papá me dio diez francos para que fuera a un burdel. Pero al principio, en mi agitación, rompí un orinal de tres francos y, después, en ese mismo estado de agitación, fui incapaz de follar. Así que aquí estoy, esperando a cada hora diez francos para satisfacerme y tres francos más para pagar el orinal”. Su petición terminaba con una nota humorística: “Pero como no me atrevo a pedirle a papá el dinero de nuevo tan pronto, espero que puedas venir en mi ayuda en esta situación, que, como sabes, no sólo es excepcional sino también única: no puede suceder dos veces en una vida que una persona esté demasiado angustiada para follar”. No sabemos si su petición fue atendida y si pudo regresar al burdel. Fuera cual fuese el resultado, Proust no se curó de su deseo de mantener relaciones sexuales con chicos.


Un estudio ha demostrado que los gatos no hacen casi nada cuando nosotros dormimos, algo que yo sabía desde hace tiempo sin necesidad de estudio, y lo sabía porque el ruido que hacen mis gatos cuando estoy despierto, si lo hicieran cuando estoy dormido, necesariamente tendría que despertarme, sobre todo porque uno de mis tres gatos, el que se llama Broma, parece que fía su existencia a tirar todas las cosas que encuentra a su paso. Pero eso solo lo hace cuando estoy despierto; cuando estoy dormido, viendo que a sus hazañas gamberristas le faltan un testigo bípedo, parece que se desilusiona, se tumba en el cojín y se echa a dormir, guardando fuerzas para cuando me despierte, momento en el que vuelven a subir los decibelios.



Solo me interesan los escritores egocéntricos: quien no sea egocéntrico que me lo diga rápido y así me ahorro su lectura. Con esta idea mía no está de acuerdo mucha gente, pero sí Günter Grass, que en su libro de conversaciones con Nicole Casanova dice así: 
Es cierto que los hombres que ejercen un oficio artístico, que están obligados a pintar, a escribir, a dar forma a alguna cosa, son egocéntricos en su comportamiento; si no, no serían artistas. El entorno lo interpreta como egoísmo y lo tacha de malignidad. Esta interpretación revela hasta qué punto son extraños el uno para el otro el mundo normal, o lo que así se denomina, el mundo burgués, y la inteligencia más existencial de la vida tal como reina en las artes. El artista sigue otras leyes, tiene otras medidas temporales.



Lo que más me preocupa de la vejez, decaimiento físico aparte, es que deje todos mis defectos a la vista. Porque el joven o el maduro aún es capaz de disimular sus envidias, rencores o manías, quizá porque dispone todavía de mucho futuro por delante y confía en reconducir su vida, pero el viejo no: la mayoría de los viejos tienen un cuerpo de cristal por el que se transparentan sus malos humores, el peor de los cuales es que no se responsabilizan de sus vidas. ¡Qué penoso espectáculo sería verme echando la culpa de mi seguro fracaso al alcalde, al presidente, al sistema, al país, o a todos!


miércoles, 15 de noviembre de 2017



¿Qué pensaría Borges del conflicto catalán? La elucubración es complicada, porque si bien Borges cultivaba un desdén por España que era común a la aristocracia literaria argentina, los catalanes aún le caían peor. En una entrevista concedida a Abel Posse en 1979, Borges dice: 
Yo hubiera querido ser andaluz. Lo que nunca habría querido es ser catalán: los odian en España y entre los franceses se nota enseguida que son impostores.



No aguanto a los coleccionistas de amigos. Aquí en Madrid te encuentras con ejemplares que te aseguran que tienen treinta, cincuenta, ¡hasta cien amigos!, y con ello ya te están dejando perfectamente delineado el retrato de lo que son. Una persona que tenga más de cinco amigos no puede ser más que alguien que inevitablemente ha hecho un máster en la apariencia, en el pacto, en la media verdad; con esas personas yo no quiero saber nada, las quiero lejos de mí, me ponen nervioso, no me interesan.



Solo pensar en lo que se ha convertido España en los últimos años, en el acabamiento despacioso al que se dirige este país, en el rebrote del más cateto nacionalismo, en la huida de algunos de los mejores jóvenes a Europa, o en que vamos a tener a Rajoy por los siglos de los siglos, genera en mí un deseo de marcharme a un lugar más vibrante y abierto, más solidario y con más posibilidades de equivocarse. Pero pronto una voz muy cruel que vive en mí me convence de lo contrario: “No vayas a ningún sitio –me dice esa voz–, Batania, porque tú no tienes nada que ver ni con España ni con Madrid, ni siquiera con Carabanchel, y tampoco tendrás nada que ver con ningún lugar del mundo adonde vayas, porque a ti no te gusta vivir, a ti te gusta aislarte; y la gente solo te interesa para salvarte de ella. ¿Cómo te vas a marchar de un lugar donde nunca has estado? ¿Cómo vas a dejar a unas gentes que no has querido conocer?”.



En Anarquismo social o anarquismo personal, de Murray Bookchin, descubro que el célebre Capricho de Goya, El sueño de la razón produce monstruos, significa justamente lo contrario de lo que pensaba. La frase defiende a la razón y no al contrario, porque el "sueño" se refiere a dormir, no a soñar. Bookchin lo explica así: 
La portada de la edición de otoño/invierno de 1993 exhibe el famosamente incomprendido Capricho nº 43 de Francisco Goya, «El sueño de la razón produce monstruos». La figura dormida de Goya aparece desplomada sobre su escritorio delante de un ordenador Apple. La traducción inglesa de Fifth Estate es: «The dream of reason produces monsters», lo que implica que los monstruos son un producto de la razón en sí. Sin embargo, Goya quería claramente decir, como su propia nota indica, que los monstruos del grabado están producidos por el hecho de que la razón duerma, no de que sueñe. Como escribió en su propio comentario: «La imaginación abandonada por la razón produce monstruos imposibles; unida a ella es, sin embargo, la madre de las artes y la fuente de sus maravillas».


Creo que fue en el maravilloso Diario de Gide donde contraje esa enfermedad de andar amenazando todos los días con llegar a ser un gran escritor en vez de serlo realmente. En una de sus últimas anotaciones, la del 4 de junio de 1949, Gide dice: “Algunos días me parece que si tuviera a mano una buena pluma, buena tinta y buen papel, escribiría sin dificultad una obra maestra”. Aquel viejo se pasó la vida lamentando no haber escrito una obra maestra (aunque yo creo que se equivocaba, porque su Diario lo es), pero no perdió la esperanza de escribirla ¡ni cuando tenía ya ochenta años de edad!



Siempre Marx por delante de Nietzsche. Porque Nietzsche cultiva una valentía de escritor y no de ciudadano: toda su terribilidad consiste en poner palabras una detrás de otra. En cambio Platón, Marx, Bakunin o Sartre son filosofía en acción, pensadores que viajaron a Sicilia o salieron a la calle, fundaron periódicos, participaron en política, pusieron sus vidas en riesgo y se negaron a quedarse en blablabla.

–¿Pero no decías ayer que “amabas” a Nietzsche?
–“Ayer” para mí es lo mismo que “hace treinta años”.



Se equivoca Aristóteles cuando dice en su Ética que no se puede ser amigo de un objeto inanimado. Porque hasta se han dado casos de cisnes enamorados de helicópteros (AQUÍ). Precisamente el capitalismo no quiere que te enamores de los objetos: solo quiere que te encapriches lo bastante como para comprarlos y, a partir de ahí, desea que tu relación con ellos se enfríe hasta que desees sustituirlos enseguida por los nuevos modelos del mercado. La persona que se enamora de su coche, de su reloj, de su jersey de cuello alto, etc, está haciendo sin querer anticapitalismo de primero de preescolar, porque cuando empiezas a amar a un objeto tratas de que perdure, te aferras a él y te niegas a jubilarlo, mucho menos a sustituirlo…


martes, 14 de noviembre de 2017


Marina Tsvetáyeva: “Es mejor perder a una persona por completo, que conservarla en una centésima parte”. A este imperativo he sido fiel toda mi vida.



Antipatriotas (1). En una carta a Louise Colet enviada desde Croisset el 13 de agosto de 1846, Gustave Flaubert escribe: 

En cuanto a la idea de la patria, es decir de cierta porción de terreno dibujada en el mapa y separada de las demás por una línea roja o azul, ¡no! La patria es para mí el país que quiero, es decir, con el que sueño, aquel en que me encuentro bien. Soy tan chino como francés, y no me alegro nada de nuestras victorias frente a los árabes, porque me entristecen sus reveses. Quiero a este pueblo áspero, persistente, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuestra valiente civilización que tiembla de ira.